Ajustando expectativas del día a día… ¡para disfrutar más!

Ajustando expectativas

Una pregunta: ¿Son vuestras expectativas realistas? Me refiero a cómo esperamos que sea nuestro día a día. Muchas veces no lo son y son estas expectativas desproporcionadas las que luego meten presión en el día a día.

¿Habéis visto esas imágenes que circulan por las redes de la diferencia entre las expectativas y la realidad?. Hay muchas y algunas tronchantes. Son una sátira compuesta de dos imágenes: una primera que corresponde a la imagen ultra perfecta que se presenta normalmente en las redes y que no responde a la realidad; y la segunda, una visión mucho más realista de la misma circunstancia.

Está claro que muchas veces la imagen seudo perfecta que ofrece Pinterest o Instagram no ayuda. Pero muchas otras, somos nosotros los que nos hacemos esta misma trampa con nosotros mismos.

En nuestra cabeza también nos imaginamos comidas y cenas familiares de todos los días preciosas, sanas y súper sabrosas; ir a trabajar con el atuendo ideal para cada momento, perfectamente planchado, sin una sola mota de polvo, las uñas pintadas y el pelo perfecto; y por supuesto, estar toníficados y en forma, al día, etc.

 

La realidad es distinta: hay momentos en la vida que no da para tanto. Y aunque es muy legítimo aspirar a hacerlo todo muy bien, tener expectativas hinchadas y alejadas de lo factible, nos puede perjudicar mucho. En dos sentidos.

Primero, porque para ser capaces de cumplir con esa expectativa superlativa, seguramente tengamos que llenar nuestra agenda personal de inacabables compromisos con nosotros mismos y estaremos todo el día “tachando cosas en la lista”, en vez de estar concentrados en disfrutar. Habremos caído una vez más en la trampa de la productividad.

En segundo lugar, porque aunque creemos decenas de listas en dommuss y vayamos cumpliendo nuestros to dos de forma religiosa, seguramente, no alcancemos ese ideal, o lo iremos engrandeciendo en la misma medida, así que acabaremos frustrados igualmente.

Por eso yo voy a hacer un ejercicio de revisar si la imagen mental que tengo de mi vida es realista o si más bien para intentar cumplirla me voy a pasar el día “completando” en lugar de disfrutando. Os invito a que vosotros hagáis también este ejercicio. Me encantaría que me contarais si efectivamente, las expectativas estaban demasiado cargadas.

En ese caso, volvamos a nuestras prioridades, veamos dónde queremos mantener las expectativas al 10 y en qué otros puntos podemos relajarlas.

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