Un año más organizado empieza con un mes de enero organizado

Un año más organizado - enero

Seguro que muchos de vosotros os habréis propuesto que 2018 os vais a organizar mejor, ¿verdad?…. Yo también 🙂

Así que, ¿por qué lo hacemos juntos?

Estoy segura de que si nos acompañamos, se hará más llevadero y aprenderemos mucho los unos de los otros. También estoy segura de que al final de este viaje, estaremos todos mucho más ligeros de equipaje, con una sensación de tranquilidad sintiendo que todo está bien gestionado y con más tiempo para disfrutar con los nuestros.

Por lo tanto, ¡merece la pena! ¿no te parece? Así que ¡empezamos!

Mes 1: Un enero más organizado

Enero es el mes de la resaca navideña. La famosa cuesta que tenemos que subir porque hemos gastado un extra de dinero y energías y hay que afrontar el mes con un poco menos de ambas. 

También es el mes de los propósitos. En diciembre, muchos hemos hecho balance del año y nos hemos propuesto cómo afrontar el que empieza. Y este espíritu de mejora y el marcarse objetivos es lo que nos impulsa a mejorar día a día así que los propósitos son un gran ejercicio personal. 

Pero se junta como veis un cocktail difícil de manejar: un inicio cargado de propósitos y no mucha energía… Por eso creo que enero hay que tomárselo con cautela y no incluir muchas cosas más en nuestra lista de las que ya de por sí enero nos trae. 

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Ajustando expectativas del día a día… ¡para disfrutar más!

Ajustando expectativas

Una pregunta: ¿Son vuestras expectativas realistas? Me refiero a cómo esperamos que sea nuestro día a día. Muchas veces no lo son y son estas expectativas desproporcionadas las que luego meten presión en el día a día.

¿Habéis visto esas imágenes que circulan por las redes de la diferencia entre las expectativas y la realidad?. Hay muchas y algunas tronchantes. Son una sátira compuesta de dos imágenes: una primera que corresponde a la imagen ultra perfecta que se presenta normalmente en las redes y que no responde a la realidad; y la segunda, una visión mucho más realista de la misma circunstancia.

Está claro que muchas veces la imagen seudo perfecta que ofrece Pinterest o Instagram no ayuda. Pero muchas otras, somos nosotros los que nos hacemos esta misma trampa con nosotros mismos.

En nuestra cabeza también nos imaginamos comidas y cenas familiares de todos los días preciosas, sanas y súper sabrosas; ir a trabajar con el atuendo ideal para cada momento, perfectamente planchado, sin una sola mota de polvo, las uñas pintadas y el pelo perfecto; y por supuesto, estar toníficados y en forma, al día, etc.

 

La realidad es distinta: hay momentos en la vida que no da para tanto. Y aunque es muy legítimo aspirar a hacerlo todo muy bien, tener expectativas hinchadas y alejadas de lo factible, nos puede perjudicar mucho. En dos sentidos.

Primero, porque para ser capaces de cumplir con esa expectativa superlativa, seguramente tengamos que llenar nuestra agenda personal de inacabables compromisos con nosotros mismos y estaremos todo el día “tachando cosas en la lista”, en vez de estar concentrados en disfrutar. Habremos caído una vez más en la trampa de la productividad.

En segundo lugar, porque aunque creemos decenas de listas en dommuss y vayamos cumpliendo nuestros to dos de forma religiosa, seguramente, no alcancemos ese ideal, o lo iremos engrandeciendo en la misma medida, así que acabaremos frustrados igualmente.

Por eso yo voy a hacer un ejercicio de revisar si la imagen mental que tengo de mi vida es realista o si más bien para intentar cumplirla me voy a pasar el día “completando” en lugar de disfrutando. Os invito a que vosotros hagáis también este ejercicio. Me encantaría que me contarais si efectivamente, las expectativas estaban demasiado cargadas.

En ese caso, volvamos a nuestras prioridades, veamos dónde queremos mantener las expectativas al 10 y en qué otros puntos podemos relajarlas.

Nuevo curso: novedades y retos ¿te apuntas?

nuevo curso y nuevos retosAquí estoy otra vez. Con un niño más en casa, después de una baja-vacaciones (lo que se puede siendo emprendedora, claro), habiendo despedido a mi abuela, acompañado dos convalecencias importantes, cambiado de casa y preparado la vuelta al cole… Ha sido una época muy intensa pero ahora sí, creo que, ya bien empezado septiembre, estoy preparada para afrontar el nuevo curso.

Por fin puede dedicar una mañana la semana pasada para revisar mis prioridades, marcar los objetivos de cada prioridad para los próximos meses y definir el plan de acción. Esto me da una visión muy clara de a dónde quiero ir, qué quiero conseguir y lo que tengo que hacer para lograrlo. Así que ahora ya sólo toca trabajar para intentar conseguir cada objetivo.

Y estoy muy contenta porque tengo muchas novedades para dommuss. La verdad es que cada vez este proyecto que comenzó como una idea en mi cabeza va tomando más y más forma y eso me hace sentir enormemente orgullosa y satisfecha, aunque por el momento sea más bien una ONG porque es totalmente deficitario.

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Gestión del tiempo

gestión del tiempo

Hay que rellenar nuestra agenda siguiendo el orden de nuestras prioridades para llegar a esa sensación de orden, paz y de que nosotros controlamos la agenda y no es la agenda la que nos controla a nosotros.

Cada acción, requiere una dedicación. Cada día, tiene 24 horas. El tiempo es finito. La clave es decidir a qué se lo dedicamos. De hecho, la gestión del tiempo es quizá lo más difícil junto con la priorización de la organización personal y de toda la organización y gestión de proyectos en general.

Hoy os quiero contar el método que empleo para la gestión del tiempo. Un método al que he llegado después de mucho tiempo dedicada a la gestión de múltiples proyectos a la vez. Después de probar muchas técnicas distintas, he comprobado que éste sistema es el que me permite ser más fiel a la filosofía de la productividad slow: ser más efectiva sin dejar de lado mis prioridades y sin acabar cayendo en la trampa de la productividad. Lo podéis utilizar tanto para organizar y gestionar vuestro tiempo personal como para el trabajo. 

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Amor: una deliciosa receta de tres ingredientes

amor

Un día a día agradable, un ilusionante futuro en común y un gran potenciador. Así veo yo el amor.

Hoy es el día de San Valentín, el día de los enamorados y aunque no es un día que tengamos mucha costumbre celebrar, da igual… qué buena excusa para pensar, hablar y sentir el amor. Porque, aunque suene muy cursi, es así: el amor es uno de los grandes motores de la vida. Es de las cosas que más llenan, que más nos movilizan y nos hacen sentirnos plenos y disfrutar. Muchas veces pienso cómo les hablaré a mis hijos de los temas importantes de la vida y el amor, es sin duda, unos de ellos.

El caso es que las cosas que a veces parecen enormemente complejas, se pueden resumir de la forma más sencilla. Y en este sentido, creo que cuando sean más mayores y empiecen a tener preguntas sobre el amor o empiecen incluso a experimentarlo en su propia piel, les contaré que como yo lo veo, hay tres ingredientes esenciales para saber si hemos dado con la receta del amor: que el día a día junto a la otra persona sea agradable, que tengamos valores y proyectos de vida que puedan marcar un futuro en común, y que la otra persona nos ayude a lucir una gran versión de nosotros mismos y no lo contrario.

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